Miedo a lo nuevo.

 

Hace unos días, para sofocar éste calor que cada día nos recuerda sin compasión que es verano me tomé un helado con la diseñadora María Uzquiano y el escritor Daniel Figuero, sí, las reuniones de artistas han pasado de la absenta a noche cerrada a la tarrina de pistacho y chocolate negro a media tarde y… hablando, hablando apareció la artista Sonia Delaunay

(apareció en la conversación obviamente, si llega a aparecer en vivo el tono de éste post sería muuuuuy distinto). Una de las cosas que más me sorprendió fue cuando María me cuenta que Sonia Delaunay en un momento de su vida, es acusada de espionaje, pero lo más hilarante es que se la acusa de pasar mensajes cifrados a través de los círculos de colores de sus obras.

Esto me hizo pensar en lo peligroso que es el desconocimiento.El miedo que le tenemos a esas cosas que desconocemos y que en lugar de intentar entenderlas las tachamos de dañinas, malignas y peligrosas o simplemente las desterramos como cosas menores. Lo podemos aplicar a mil y una situaciones de discriminación, pero también a aquellos que no entienden que hay nuevas formas de contar historias y que no por ser nuevas y quizá poco definidas ahora en sus inicios no son válidas.

Señores no se trata de salvaguardar el pastel del que han comido durante tantos y tantos años ni de que no hay pastel para todos; a lo mejor es que hay que dejar de lado el pastel y ver que quizá hoy en día la mejor opción son los muffins… o sea… las magdalenas.

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